Días raros

frente

no me apetece salir de casa

me han dado vacaciones

ando perdido debiera de coger un viaje me dicen todos

me animo

planifico ir a lugares maravillosos

¿quién quiere ir a lugares de mierda?

salvo los fotógrafos claro

llego a la agencia de viajes

venden días empaquetados siete días seis noches

todo pagado aunque no lo uses

pongo mis días sobre la mesa para llenarlos de contenido

fachadas museos templos

ahora restaurantes

la nueva cultura hasta que la televisión se canse de los cocineros

hago mi viaje astral-previo basado en anteriores experiencias

veo todo lleno de gente parecida a mi

veo que estoy en una cola luego en otra

me peleo por un cruasán en el desayuno con un inglés

piensa que ducharse una vez al mes es demasiada frecuencia

malo para la piel

está claro los lugares maravillosos están llenos de turistas

aunque la magia del lugar estuviese en el pasado

aquel pasado que hizo famosas a las ciudades

llegamos todos mirando y queriendo tocar su historia

nos parece que con nosotros allí tiene más valor

como si valiese para algo pisar sus piedras

a buenas horas

pero así va esto

por ejemplo: ponerse delante de un tanque es un locura heróica

al día siguiente se cuenta como un mito

total que vamos como manadas a ver ese sitio

donde no pasa nada

pasó

pasó

anulo todo

me quedo en casa

viendo el canal de historia

para saber lo que ya nunca será

descubrir lo que ya no voy a ver

Historia de una escalera

historia

Escuché a un familiar de Buero Vallejo que este se lamentaba de que “Historía de una escalera” eclipsase a las demás obras suyas, que no podían brillar con esa intensidad. Pero no se ponía en la piel de otros dramaturgos coetáneos. Ellos quisieran haber tenido esa tristeza. La razón de que el argumento calase en cada representación, incluso en cada lectura, se debía sin duda al talento, pero la construcción de un grupo plagado de arquetipos hace que nos identifiquemos o reconozcamos a vecinos, familiares, amigos… Ese resumen de 30 años de una sociedad, de sus sentimientos y necesidades, está situado en una parte de la edificación que algunos arquitectos tratan como «residual»: las zonas comunes, escalera y portal.  Así, cogiendo el concepto de esta obra de teatro, cada generación podría plasmar su propia «Historia de una escalera», y dejar escrito un legado que identifique diferentes tipos de personas representantes de una época y un lugar. O simplemente para poder fisgar a esa sociedad, que también tiene su interés.

Cuando me presentaron por primera vez la “Unidad de habitación” (la castellanización no es muy fiable) de Le Corbusier, no sé por qué mecanismos de asociaciones de ideas me vino a la cabeza esa obra de teatro. Me imaginaba que historias prodrían surgir dentro de ese edificio, donde sus pasillos y escaleras pasaban a ser calles, con sus lugares de reunión, remansos en el flujo. Por allí pasaban irremediablemente los habitantes y tenían que rozarse, verse, hablarse, mirarse de mala baba… reunirse.  Este señor arquitecto fue capaz de promocionar obras con azoteas edificadas para poder funcionar como plazas. Y en el súmmum de las analogías, dejando plantas enteras para colocar tiendas. Un edificio que desde fuera puede ser visto como la típica construcción de una ciudad dormitorio, daba a sus habitantes la opción de estar en una ciudad completa en si misma.

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Presentación del edificio

¿Cuándo parar?

Lápiz

Creo que con mi 3dStudio Max empiezo a estar anticuado. Voy a investigar. Escribo en el buscador:

  “mejor programa 3D dibujar arq foro”

A ver qué se cuece.

Empiezo a descartar resultados de la búsqueda intentando encontrar gente que controle. En los foros… ya se sabe. De todas formas es fácil detectar dónde NO investigar: comentarios con “algien save”, “ESTOI VUSCANdo” . Parezco clasista… menos mal que esto solo te lo cuento a ti. Puede que quien escriba de esa manera no lo haga por falta de respeto, pero la criba la hago porque voy fatal de tiempo.

La primera sorpresa es que casi nadie tiene un programa especial favorito. Hacen falta un montón. Me empiezan a entrar sudores. Primera colección: AutoCAD+ 3dStudio+ VRay+ Ilustrator+ Photoshop+ Premiere+ CypeCAD+ TriCalc+ ARKÖ+ . Este último no lo había oído en mi vida. ¡Solo uno que desconozco!  Así que me animo por saber manejar más de uno y trastear con los demás. Pero veo que la entrada es del 2010. Poco me ha durado el consuelo: estoy como al principio,  y dudo hasta que el 3dStudio siga “en la onda”. Vuelta al Google y cuidado con las fechas.  Maya, Lightwave, Cinema4d, o ahora el Blender y demás Jaleo parecen opciones a  Autodesk.

Parece que hay cambios, pero el AutoCAD lo sigue usando todo el mundo. Archicad tiene sus adeptos, pero nada que ver. Las dudas aparecen cuando se trata de buscar los programas para hacer representaciones en 3D. Una batalla que tengo perdida es el empeño de adaptar el Solidworks a la arquitectura. Realmente está pensado para la industria, como todos sus hermanos, Catia, Siemens (antiguo Unigraphics), TopSolids… Sí, me sirven para crear, para trabajar en concepto a la manera de bocetos tridimensionales, con la misma definición que una maqueta de madera de balsa. Mucho más rápido y flexible, pero acariciar la madera tiene su cosa.

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Imposible seguir adelante cuando busco un buen programa/complemento para renderizar.  Quiero dar ese paso, siendo consciente que los renderizados que nos enseñan los estudios estrella (COOP HIMMELB(L)AU, Predock, Eric Owen Moss…) se hacen con media docena de personas y semanas o meses de trabajo. Pero yo no tengo un ángel bueno y uno malo sobre los hombros. Los míos son uno humilde y uno chulo. Hoy toca el listillo y me manda seguir buscando: “Tu puedes, torete”

Fisgo a un par de chicos que se ganan la vida con esto de los renderizados: Eloi Andaluz y Alex Román. Insuperables. Encima uno de ellos hace un homenaje a Kahn. Me siento un gusano. Busco excusas para abandonar sin un sentimiento de torpeza: ¿Realmente con estos programas voy a saber expresar mejor mis ideas yo solo? ¿Y el tiempo para proyectar?

Me rindo… al lápiz y a la balsa, y al final AutoCAD para imprimir. No doy para más.

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Bastidas y castillos

Bastide-Cadillac

Durante la Edad Media, en Europa era una bendición tener una guerra a mano. Juntarse a un bando, o que te “juntasen”, significaba que alguien te iba a defender durante un tiempo. Pasadas las batallas, si estabas vivo, lo primero era contar cuántos miembros te quedaban. Y luego intentar emigrar a la guerra más cercana. Allí donde reinaba la Paz, caballeros aburridos y bandidos se unían. Grupos de jinetes incendiando, saqueando y violando. Sin muchas preocupaciones. ¿Las leyes? ¿Hay alguna que pueda con la del más fuerte? Esta práctica ha llegado a la actualidad, “humanizando”  la técnica.

Pero el cuento es Medieval…

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Cadillac/ Francia/ Año de 1.416

Como todos los domingos del verano, los habitantes pasaban la tarde bañándose en el río. Había tocado hacer la guardia a media docena de hermanos. La comunidad llevaba ya seis meses sin una alarma. Las últimas tres semanas de recolección pasaron sin incidentes. Incluso las mujeres se habían atrevido a desplazarse fuera de las murallas. Un periodo de tranquilidad que sin embargo no hacía perder la prudencia a nadie: jamás pasaban la noche a la intemperie. Nadie dormía donde  trabajaba, aunque el calor invitase a ello, aún siendo duro y largo el trasiego de casa al tajo. En el momento menos pensado una tropa de jinetes borrachos, armados y sin nada que perder, podían aparecer de los bosques colindantes.  Hoy no era un día de suerte. Al principio la algarabía de los juegos en la ribera hizo dudar a los vigías. Hasta que la evidencia llegó a caballo. Del juego se pasó al espanto.  Mujeres con bebés en brazos eran empujadas por otras para aligerar su carrera. Los que se habían juntado para hacerlas un pasillo desde el río hasta el pueblo…

 … iban a dejar que cruzasen la entrada antes que ellos. Sólo en ese momento empezarían a recular. Para aquella horda la única disuasión era el recinto amurallado. La corta distancia entre la zona de baño y el único acceso al recinto facilitó la retirada. Para eso se pensó cuando levantaron aquella fortaleza.

Con todos a refugio, los portones se apuntalaron y hacia lo alto de las murallas iban subiendo hombres y mujeres con arcos, piedras y cualquier cosa que como mínimo pudiese rasgar la piel de sus enemigos. Así explicaban que no iban a regalar sus vidas.

Pasaron los días.

Los “visitantes” montaron un asedio sin mucha convicción.  Su experiencia les había hecho perder el tiempo muchas veces antes. Sabían que dentro de la Bastida la vida se hacía totalmente ajena al mundo. Tenían sus casas, sus graneros, su plaza para reunirse, mercar y montar alguna que otra fiesta. Habían construido desagües al río cercano y de manantiales tomaban el agua.  Sin saberlo habían imitado a la Naturaleza, y aquella pequeña ciudad fortificada funcionaba como una célula con vida propia, aletargada hasta un momento más propicio. Y con reservas para estar aisladas de un entorno hostil hasta más de un año si fuese necesario.

Fuera, el desánimo se transmitía de unos a otros. Acostumbrados a la inmediatez de  los golpes, de las heridas de muerte, aquello de esperar no era lo suyo.

Los muros habían salvado una vez más a la comunidad. La misma noche de la retirada del asedio se celebró un banquete para todo el pueblo.

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Canillas de Esgueva/ España/ Año de 1.416

Como todos los domingos del verano, los habitantes pasaban la tarde bañándose en el río. Había tocado hacer la guardia a media docena de hermanos.

La comunidad llevaba ya seis meses sin una alarma. Las últimas tres semanas de recolección pasaron sin incidentes. Incluso las mujeres se habían atrevido a desplazarse lejos de las murallas. Un periodo de tranquilidad que sin embargo no hacía perder la prudencia a nadie: jamás pasaban la noche a la intemperie. Nadie dormía donde  trabajaba, aunque el calor invitase a ello, aún siendo duro y largo el trasiego de casa al tajo. En el momento menos pensado una tropa de jinetes borrachos, armados y sin nada que perder, podían aparecer de los bosques colindantes.

Hoy no era un día de suerte. Al principio la algarabía de los juegos en la ribera hizo dudar a los vigías. Hasta que la evidencia llegó a caballo. Del juego se pasó al espanto.  Mujeres con bebés en brazos eran empujadas por otras para aligerar su carrera. Los que se habían juntado para hacerlas un pasillo desde el río hasta el pueblo…

… sabían que construir el castillo en un alto era buena idea defensiva, pero que llegar hasta arriba podría dejarles fuera; los asaltantes podían llegar antes a sus puertas. Los señores del castillo esperarían con ellas elevadas hasta el último instante. La relación de servidumbre les obligaba a comportarse con nobleza. Esta vez hubo suerte y nadie quedó excluido. Se hacinaron 180 personas entre el patio y los corredores de las almenas.

Los bandidos quemaron las casas extramuros como represalia por no acceder al botín.

Fuera, el desánimo se transmitía de unos a otros. Acostumbrados a la inmediatez de  los golpes, de las heridas de muerte, aquello de esperar no era lo suyo.

Los muros habían salvado una vez más a la comunidad. La misma noche de la retirada del asedio…

…el señor conde llamó a dos de sus vasallos:

-Vaciadme el Castillo, no quiero estos piojosos rondando las bodegas. Fuera todos… deja cuatro o cinco mujeres para limpiar los despojos que han dejado. Y mañana que no falte nadie  a sus tareas.

Como iba diciendo: nobleza.

 

La casa Farnsworth

Tres

1954

El pequeño lama  recogió del suelo el trozo de galleta que llevaba chupando desde hacía horas. La pasaba por los labios con suavidad, de tal forma que extraía el sabor de apenas unas migas. A estas alturas de su corta vida ya tenía inculcado el hábito de disfrutar y respetar a los alimentos. Comía casi sin masticar, estirando el sabor eternamente. Al acercar a la boca el trozo que le quedaba, vio como una hormiga andaba por encima. Con delicada precisión atinó a cogerla de una de las patas con sus deditos carnosos. Se la puso en la lengua y se la tragó.

‘Pensé que no comíais animales.

El niño no entendió ni una palabra y agachó la cabeza en busca de más hormigas. No le extrañó ver aquel señor delgaducho, trajeado y con sombrero que hablaba con su maestro. “Este viejo siempre hablano con desconocidos”…bueno, estó lo pensó el niño en nepalí. Todos estaban fuera de contexto: paseaban por la Villa Imperial del emperador japonés.

Mostrar el edificio es tarea de los monjes sintoístas, pero coincidió que varios de la secta Zen fueron requeridos para mantenimiento de los jardines aquella semana.

El señor Gropius había pedido permiso para visitar la villa imperial junto al río Katsura. Fue levantada hacía más de doscientos años. Su colega Bruno le había hablado de este lugar. Le contó cuanto le recordaba a las ideas de la Bauhaus. Este edificio era un muestrario de soluciones funcionales, apoyadas en una construcción minimalista. Equilibrio, evitando cualquier simetría. Solo líneas horizontales y verticales. Todo esto sumado a la ausencia de muebles. Una mente educada en las costumbres occidentales podría resumir todo aquello en economía y sobriedad.

‘’ Hermanos suyos no siempre hablar correcto de este lugar… señor Walter. Aquí no falta nada. Casa no es un almacén. El lujo está en lo que falta. Importante es usted. Si mira al frente no ver dos árboles. Debe ver puerta del camino. Si anda camino, no debe pensar en pasos. Antes otro pensó forma de dar postura a cuerpo. Colocó esas piedras que ordenan a usted mirar lago o rincón del bosque.

El monje empezó a andar por las losas del camino y con un gesto invitó a seguirlo. El niño se levantó y les imitó. Al llegar al Pabellón para contemplar la Luna los tres se sentaron en el suelo frente al lago. Walter se rascó la cabeza. Aquella imagen le resultaba familiar. No pudo reprimir una pregunta que le carcomía:

´¿Recuerda haber enseñado esta casa  hace unos años a un señor un poco grueso con un habano en la boca ?

abajo

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Conferencia de la Fundación Juan March

Solo con el Sol

Mediodía en Gibellina

A veces lo que trasciende de un poeta es sólo un poema. De un poema un verso. Aún así pasan a ser parte de la historia cuando otros han luchado fuerte y no han logrado dejar huella. Lo mismo pasa con fotografos, pintores, dramaturgos… todos podemos encontrar algún ejemplo.

Aunque a Francesco Venezia le van a sobrevivir muchas obras, de él tengo como imagen preferida la de una habitación con un banco de piedra, cuya única misión es contemplar como  pasea el sol a lo largo del día por sus paredes.

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Sometimes that which transcends a poet is no more than a poem. In a poem, a verse becomes famous. Yet are made part of history, when others have battled hard, and have failed to trace. The same goes for photographers, painters, playwrights … each one of us can find some example.

Many works of Francesco Venezia will survive after him, but I have preferred the image of a room with a stone bench, whose sole mission is seen as walking the sun throughout the day for their walls.